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Posted by Marcela Martínez Ibarra on Fri, Jul 24, 2015 @ 09:05 AM

Temas complejos, participantes neófitos

Como diseñadores instruccionales, ¿cuántas veces han subestimado a los participantes de sus cursos? Disculpen que haya empezado con una pregunta incómoda; créanme que mi intención no es enjuiciarlos, sino invitarlos a reflexionar sobre la forma en que adaptamos los contenidos de los cursos según el público meta, en específico, cuando se nos advierte que nuestros participantes serán personas con un nivel educativo básico.

Aunque no sea intencional, debemos reconocer que en ocasiones damos por hecho que una persona con pocos estudios no será capaz de comprender los temas complejos y procedemos a “minimizar” los materiales, por decirlo de alguna manera. Es cierto que conocer las características generales de los participantes resulta fundamental para la adaptación de los contenidos, la elaboración de los reactivos, y en general, para todo el desarrollo de los cursos, pero no por ello tenemos que caer en el extremo de tratar a las personas como si fueran incapaces de razonar.

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Ante un contenido complejo, ¿Qué hacer?

Para contextualizar lo anterior, imaginen que les han pedido diseñar un curso sobre principios generales de física y que los participantes son adultos de entre 30 y 40 años, cuyo nivel educativo máximo es la preparatoria. Como cereza del pastel, el material fue realizado por un renombrado físico, quien les ha enviado un documento con muchos tecnicismos. ¿Qué harían primero? Llorar, claro, pero ¿y después?

Aquí les presentamos 5 recomendaciones puntuales:

Recomendación No. 1. Tratar a los participantes como adultos

Como resultado de diversas experiencias con el diseño instruccional de cursos con temáticas complejas, mi primera sugerencia sería dejar de tratar a los participantes como si fueran niños. El hecho de que no tengan un título universitario no significa que su pensamiento deje de ser el de un adulto; por lo tanto, eviten hacer un curso como para nivel prescolar, saturado de imágenes de colores e historias sobre mundos fantásticos.

No es por ponerme epistemológica, pero recordemos a Edgar Morin (1994) y sus postulados acerca del pensamiento complejo, que se define como un proceso mediante el cual se construyen nuevos conocimientos sobre la base de ideas complejas, pero sobre todo, el autor advierte que el pensamiento complejo no puede reducirse a un montón de postulados emanados de las llamadas ciencias. Entonces, los seres humanos siempre somos capaces de llegar a pensamiento complejo independientemente del nivel educativo.

Recomendación No. 2. No modificar arbitrariamente los contenidos

La segunda recomendación es no modificar los contenidos sin antes preguntar al experto. Por más que nos gane la tentación de hacerlo, hay que aceptar que la gran mayoría de los diseñadores instruccionales no somos físicos, químicos o ingenieros, por lo que no es un pecado no diferenciar una tolva de un silo, o no comprender al cien por ciento las leyes de la termodinámica; es por ello que en vez de proceder de inmediato a usar un lenguaje más “amigable”, lo mejor es asegurarse de que no estamos cambiando peras por manzanas.

Recomendación No. 3. No borrar los contenidos difíciles

Aunado a esto, una tercera consideración incluye nunca borrar los contenidos más difíciles, es mejor buscar un modo de que los participantes los comprendan. Para situaciones como ésta es que se han ideado un sinfín de estrategias didácticas, sólo es cuestión de romperse la cabeza por un rato hasta encontrar una manera didáctica de plasmar la idea.

Recomendación 4. Evitar el abuso de ejemplos comunes

En cuarto lugar, un consejo útil es evitar el abuso de casos o lugares comunes. Por ejemplo, en el curso de física una opción podría ser presentar aplicaciones del tema en la vida real, como a partir del funcionamiento de un elevador, pero es muy molesto encontrar el ejemplo trillado de los juegos de feria para explicar la cinética.

Recomendación 5. Evitar estereotipos

Finalmente, como quinto tip, los invito a eliminar los estereotipos de sus cursos. Una vez vi un guion instruccional que incluía diálogos entre una señora y un vendedor de seguros; lo que me pareció horroroso fue que poco les faltó para incluir expresiones como “chale” o “doñita”. Si bien el contexto de algunos de los participantes puede ser similar y que el uso de ese lenguaje no es ni bueno ni malo, hay que cuidarse de los estereotipos y tener siempre claro que se trata de un material educativo, con el cual se pretende transmitir un contenido serio.

Para finalizar, les reitero que todo lo que escribí en este breve texto es una recopilación de situaciones que me han pasado a lo largo de mi experiencia como diseñadora instruccional, por lo que no pretende ser una guía metodológica. Al final, ustedes deciden cómo quieren tratar a los participantes de sus cursos.

Para finalizar, les reitero que todo lo que escribí en este breve texto es una recopilación de situaciones que me han pasado a lo largo de mi experiencia como diseñadora instruccional, por lo que no pretende ser una guía metodológica. Al final, ustedes deciden cómo quieren tratar a los participantes de sus cursos.

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