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Amancio Ortega (1936) es empresario y fundador de Zara e Inditex, principal grupo textil del mundo. Es la tercera mayor fortuna del mundo, según Forbes, después de Carlos Slim y Bill Gates. Su biografía y la historia de su imperio aparece en el libro Así es Amancio Ortega: el hombre que creó Zara, así como en Zara: visión y estrategia de Amancio Ortega y Amancio Ortega: de cero a Zara. En 2009, el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación español le concedió la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil.

Reflexiones contenidas en este libro “Aprendiendo de los mejores”

  1. No vale la pena ser empresario sólo para ser rico.

Cuando el dinero se convierte exclusivamente en fin y no en medio es fácil que una empresa, antes o después, haga aguas y se venga abajo. Y ¿por qué? Porque ninguna biografía, ni en lo personal, ni en lo profesional, ni en lo empresarial, es una línea recta. En todo negocio acaban apareciendo dificultades, problemas, adversidades, inconvenientes y crisis. En esos momentos, cuando todo tiembla alrededor, aparecen muchas dudas, y si uno no tiene unas convicciones fuertes y profundas, algo por lo que merezca la pena luchar, un sentido que le mantenga a flote, es fácil desistir. A la hora de emprender un negocio es importante que exista una fuerte sintonía entre lo que uno siente y lo que uno hace, es decir, que uno desarrolle algo con lo que se sienta plenamente identificado. Los negocios siempre deben tener beneficios, pero los beneficios siempre deben tener un propósito.

  1. Mi éxito es el de todos los que colaboran y han colaborado conmigo.

Un ser humano no puede ser tan inteligente, tan poderoso o tan prepotente como para hacer él solo una empresa de este calibre. No hay líder sin equipo; es más, el líder emana porque existe el equipo. Ortega precisa: «Son muchos los que se han dejado la vida en la empresa. Son muchos los que han hecho realidad esta joya desde el principio hasta hoy». Detrás de cualquier logro destacable lo que hay son equipos; de otro modo es imposible. Los éxitos son siempre colectivos. Ningún hombre solo ha logrado nada grande en la vida. Y ¿qué busca Amancio Ortega en su equipo? Él mismo lo precisa: «La primera característica que pido a una persona, de la que se derivan las demás, es un serio sentido del compromiso con lo que va a hacer. ¿Esta persona se cree lo que dice al mostrar su empeño por trabajar con nosotros? Siempre he buscado gente que encaje en la compañía, que comprenda bien nuestros valores». Sin compromiso, sin orgullo de pertenencia con la causa, no hay excelencia.

  1. La autocomplacencia es lo peor si quieres conseguir hacer algo importante.

Y eso tiene un nombre: no bajar la guardia jamás, mantenerse alerta y concentrado, no descuidarse. Todos sabemos que cuando nos relajamos un poco más de lo razonable, las cosas se tuercen. Es necesaria una cierta tensión para alcanzar la cima, y luego continuar así, sin despistarse, para mantenerse arriba. El propio Ortega apunta: «En esta compañía nunca nos hemos confiado, ni en aquellos años en los que dábamos los primeros pasos, ni ahora que tenemos tiendas por todo el mundo. Hay que tener siempre un afán de superación y una constante capacidad de crítica. Siempre pensé que para triunfar teníamos que poner la organización boca abajo cada día». La autocomplacencia es uno de los mayores riesgos en cualquier negocio.

  1. Querer a las personas que trabajan con nosotros es una obligación.

No son incompatibles exigencia y tacto, disciplina y cariño, rectitud y amabilidad. Es posible un «liderazgo por afecto». La filosofía a la hora de tratar con las personas la explicaba Amancio Ortega a su equipo directivo: «Debéis vivir cerca de cada uno de ellos, de lo que tienen entre manos en sus casas, en su familia, no sólo en el trabajo. Yo quiero una empresa con alma, formada por personas con alma. El verdadero éxito de esta empresa, insisto en ello, es la gente que tenemos». El máximo ejecutivo de Inditex corrobora su coherencia entre discurso y realidad: «Su cercanía a la gente es impresionante: le quieren como respuesta a lo que él ha hecho. Es extraordinario comprobar cómo combina la firmeza y la exigencia con el respeto a cualquier persona».

  1. Lo mejor que tengo es la bondad.

Decía una vez el filósofo José Antonio Marina que «la bondad es el rasgo de mayor inteligencia de una persona». Contundente afirmación, ¿no? Porque a veces parece que ser bondadoso supone ser blando y débil. En un mundo hipercompetitivo, hablar de bondad parece algo ñoño y soso. Nada tiene que ver una cosa con la otra. Bondad es pensar en el bien común porque se tiene la convicción de que el bien común no es otra cosa que el bien propio. Amancio Ortega precisa: «He tenido como referencia la bondad de mi madre y de mi abuelo Antonio. Mi madre era excepcional. ¡Todo el mundo la quería de manera extraordinaria! A mí, por ser el pequeño, no sólo me quería, sino que me tenía por alguien especial. Gracias a ella no tengo un solo mal recuerdo de mi niñez. Me hacía feliz. La madre es la clave de una familia. Cuando te falta, por mayor que seas, algo se derrumba. En estos momentos de tanto éxito profesional es la persona a quien más echo de menos, porque una madre es la que sabe dar un valor mayor y más verdadero a lo que haces. ¡Una madre no debería morirse nunca!». Tener modelos de referencia en los que fijarse es lo mejor para el crecimiento profesional y personal.

  1. Todos nacemos para algo.

Tú también eres importante, aunque en ocasiones no te valores lo suficiente. La vida siempre espera algo de nosotros, nuestra contribución particular para hacer de este mundo un lugar mejor. Y la labor de cada persona es descubrir en qué consiste. No se trata siempre de grandes gestas, muchas veces son sencillos actos cotidianos que aportan un gran valor a nuestro entorno más cercano y que generan una cadena de consecuencias que no somos capaces de apreciar en toda su magnitud. Amancio Ortega explica: «Tengo el convencimiento absoluto de que todos venimos al mundo a cumplir una misión. Aquí ninguno estamos por casualidad. Cuando miro hacia atrás y veo todo lo que ha pasado en estos años, es como un sueño imposible. Hay una razón de ser importante en todo lo que ha ocurrido».

  1. La sencillez es el recurso de los inteligentes.

La sencillez es el patrimonio de los sabios, el recurso de los que saben elevarse y apreciar lo esencial de la vida más allá de la hojarasca. A menudo, el problema es que lo cercano, por cotidiano, no se valora lo suficiente. Y eso nos hace perdernos muchos buenos momentos. Amancio Ortega, a pesar de ser la primera fortuna española, lo tiene claro: «Yo disfruto con las cosas más pequeñas. Soy feliz con los mil incidentes de cada jornada. Voy al gimnasio cada mañana, me gusta charlar, escuchar a la gente, conocer a nuevas personas, pasear y, por supuesto, trabajar, que es con lo que más disfruto». Para ser feliz no hay que ser extravagante.

  1. Todo lo que nos rodea es competencia. No se debe subestimar a nadie, porque empresas muy grandes han caído.

Si la competencia fuese tan mala como algunos piensan, simplemente no existiría. Otros piensan que no tienen competencia, lo cual es una ingenuidad, porque aunque exista una diferenciación, directa o indirectamente, siempre hay empresas ofreciendo productos y servicios similares. Hoy día hasta un freelance trabajando desde su casa puede ser competencia. Y, por último, las cosas cambian, los mercados cambian, los consumidores cambian, todo, en definitiva, cambia, y quien no sabe gestionar el cambio acaba desapareciendo. La historia está repleta de ejemplos de grandes compañías, muy admiradas en su momento, que ya no existen. Ignorar o despreciar a terceros son dos de los mayores errores que se pueden cometer. Y a menudo se cometen.

  1. Desde que no era nadie ni tenía apenas nada, soñaba con crecer.

El crecimiento es un mecanismo de supervivencia; si no hay crecimiento, una compañía se muere. A mi edad siento lo mismo: no se puede dejar de crecer. Una empresa, como cualquier persona, está hecha para crecer, mejorar, evolucionar. Cuando ese espíritu se pierde, la empresa empieza a languidecer, a ir para atrás, llegando a estancarse o acomodarse. En esta vida, quien no avanza, retrocede. No hay término medio. No es posible quedarse en la misma situación. La competencia mejora y gana terreno cada día, y aparecen nuevas iniciativas. Todo ello supone una amenaza para la cuota de mercado. Sin una filosofía de crecimiento, ya sea de producto, de mercado o de lo que sea, es muy difícil que una empresa pueda sobrevivir.

  1. Lo mío, desde que empecé, ha sido una dedicación plena al trabajo, junto a la máxima exigencia.

Y añadía: «Yo nunca me quedaba contento con lo que hacía y siempre he intentado inculcar esto mismo a todos los que me rodean». Es la filosofía kaizen: mejora continua. Poner toda la carne en el asador. Dar el alma por un proyecto. Las palabras de Ortega ayudan a comprender mejor el éxito de Zara e Inditex. Es de sentido común: grandes esfuerzos, grandes recompensas. Detrás de cualquier éxito subrayable hay mucha (repetimos, mucha) reciedumbre y capacidad de sacrificio, aunque muchas veces, a los ojos de los demás, las cosas parezcan cuestión de suerte o algo similar.

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