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Bertrand Russell (1872-1970) fue un filósofo, matemático y escritor británico ganador del premio Nobel de Literatura en 1950 y conocido por su influencia en la filosofía analítica, sus trabajos matemáticos y su activismo social. Autor de numerosas obras, destacan, entre otras, La conquista de la felicidad y Los caminos de la libertad.

  1. La mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo.

 Si el de enfrente puede, tú también puedes. No lo dudes. Entre una persona y otra no hay desventajas, sólo existe la determinación, la voluntad, el método y la paciencia. No te dejes adocenar por las opiniones derrotistas de terceros; no te dejes derrocar por las lamentaciones comodonas. Don Quijote se lo decía a su escudero Sancho Panza con precisión: «Sábete Sancho, que no hay un hombre que sea más que otro, sino que hace más que otro».

  1. Vivir como uno desee: sólo eso merece llamarse éxito.

 Deja de conformarte con menos de lo que deseas. ¿Por qué hacerlo? Uno tiene dos opciones: conformarse con lo razonable y posible o desarrollar las habilidades y adquirir los conocimientos necesarios para llevar la vida que se desea. Vive tu sueño si no quieres acabar soñando tu vida. Y, para ello, tu mejor aliado es tu capacidad de aprender. Conformarte es renunciar a todo el potencial que albergas dentro de ti. No hay nada peor en la vida que conformarse. Te instala en la senda de lo rutinario: repetición diaria de actividades y tareas.

Pero, ojo, no es lo mismo rutinario que rutina. Las personas de éxito tienen rutinas, pero no son rutinarias. Las rutinas son algo bueno, son la expresión de tu disciplina y de tu capacidad de organización.

  1. Conquistar el miedo es el inicio de la riqueza.

Porque, cuando se conquista el miedo, cualquier logro está a nuestro alcance. Lo apuntaba el escritor Frank Herbert: «Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Sólo estaré yo». Lo peor del miedo es que te derrota antes de luchar, y sin ni siquiera haberlo intentando. Y eso es triste. El miedo te hace ver cualquier dificultad mucho más grande de lo que es. El miedo nos hace sentirnos más pequeños de lo que somos. Y genera una gran frustración al no atrevernos a hacer muchas cosas que nos gustaría hacer. Pero no niegues el miedo, nunca desaparece; teme el no lanzarte a conquistarlo. Si conquistas el miedo, el mundo te abre sus brazos.

  1. El entusiasmo es un motor sencillamente indispensable para la perfección.

Sin entusiasmo, nada grande se ha logrado en la vida. Si no te brillan los ojos, es complicado que te ocurran cosas extraordinarias. Si tu mirada está apagada, si tu energía es débil, si tu espíritu está alicaído, ¿qué esperas conseguir? Cuando la ilusión no está inmersa en el proyecto que se tiene entre manos, es el momento de empezar a buscarse otro, o los resultados se resentirán. El entusiasmo es una fuerza imparable que nos arrastra a poner el foco en las soluciones sin dejarnos atenazar por los obstáculos. El entusiasmo es lo que invita a seguir cuando todo anima a abandonar.

  1. Los educadores, más que cualquier otra clase de profesionales, son los guardianes de la civilización.

El futuro está en manos de la juventud, pero la juventud está en manos de quien la forme. La educación marca, modula, perfila y esculpe nuestra forma de ser. En gran medida, uno es lo que es su niñez. Somos una proyección de nuestros primeros pasos. Los episodios iniciales de la vida son decisivos en la edificación de la personalidad. En ellos se sientan las bases de lo que será la persona adulta, de ahí la importancia de la educación. En Utopía, Tomás Moro escribía: «Si vos toleráis que vuestro pueblo esté mal educado y sus modales corruptos desde la infancia, y después los condenáis por los crímenes a los que su primitiva educación les ha abocado, se llega a la terrible conclusión de que primero los hacéis ladrones y los castigáis después». Formar niños es más inteligente que enderezar adultos. Modificar algo casi siempre es más complicado que construirlo desde cero.

  1. Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar.

 Y eso sólo lo aporta la experiencia. Las respuestas se van encontrando a medida que uno va haciendo el camino. Después de haber pegado muchos tiros se empieza a ajustar el disparo con mayor precisión. Si evitas equivocarte, nunca crecerás. Tienes que exponerte a la realidad, vivirla y sufrirla. No evites situaciones incómodas, si lo haces, quedarás estancado. No hay crecimiento sin un cierto sufrimiento. La experiencia de los demás sirve para allanar el trayecto, pero nunca para suplirlo. Existen situaciones parecidas, pero nunca repetidas. La verdad tiene que ser vivida, nunca puede ser enseñada.

  1. Carecer de algunas de las cosas que uno de sea es condición indispensable de la felicidad.

Porque si uno lo tuviese todo, se acabarían los retos. Y los retos son los que tiran de nosotros hacia delante. Una persona que no tiene ilusiones y proyectos por materializar entra en depresión. Y ¿qué es la depresión? La ausencia de futuro, de eso por lo que merece la pena luchar y que nos hace levantarnos todos los días de la cama. El hombre vive en el presente, pero proyectándose siempre hacia el futuro. El futuro es ilusión, y la ilusión es lo que nos mantiene vivos. Una persona sin ilusión no vive, sobrevive, está derrotada de antemano, disecada de espíritu. Sin alicientes, la sensación de vacío es grande. Sin ilusión, la persona existe en «cuerpo», pero no en «alma».

  1. Gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se deben a que los ignorantes están completamente seguros y los inteligentes llenos de dudas.

Lo que demuestra de nuevo que tener fe en lo que uno hace, aunque sea equivocado, es a veces suficiente para avanzar. La fe mueve montañas. Y lo que hay que aprender es a creer más en uno mismo, porque otros con menos habilidades y conocimientos, pero con más seguridad en si mismos, acaban ocupando plaza en la pole position de muchas organizaciones. Ningún logro está fuera de nuestro alcance cuando se tiene fe. Es la única seguridad verdadera con la que cuenta una persona.

     9. Nunca moriría por mis creencias, porque podría estar equivocado.

 Estar dispuesto a cambiar es de personas inteligentes. El inconsciente gobierna nuestra vida, y el inconsciente está formado por nuestras creencias, muchas de las cuales son falsas aunque las demos por ciertas. Tener una actitud de apertura ante todo y todos nos sitúa en mejores condiciones para seguir creciendo. Como ya dijese Keynes, «lo más difícil del mundo no es que la gente acepte nuevas ideas, sino que olvide las antiguas»; algo parecido a lo que pensaba Goethe: «Ten cuidado con lo que aprendes que no podrás olvidarlo». Estar abiertos al «desaprendizaje» es absolutamente imprescindible para que el verdadero aprendizaje tenga lugar. Muchas veces, lo que pensamos que conocemos es lo que realmente nos impide aprender.

  1. Quienes dejan de fijarse en el polvo que la criada no ha limpiado, en las patatas que la cocinera no ha cocinado o en el hollín que el de shollinador no ha de shollinado, notarán que la vida es mucho más agradable que cuando se sentían constantemente preocupados o irritados por estas cosas.

Relativizar es especialmente recomendable para el bienestar emocional. La perfección resulta a menudo una carga demasiado pesada para la felicidad. Relajarse y tomarse las cosas con más calma, tanto con uno mismo como con los demás, nos hace disfrutar más de la vida. El arte de vivir es el arte de no amargarse la existencia.

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