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BILL GATES

Reflexiones contenidas en este libro “Aprendiendo de los mejores”, Bill Gates (1955), empresario y filántropo estadounidense, es el fundador de la compañía tecnológica Microsoft y creador de la Fundación Bill y Melinda Gates, dedicada a promover la salud y la educación en regiones desfavorecidas, razón por la cual fueron galardonados con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 2006. Según la revista Forbes, es el segundo hombre más rico del mundo, después del mexicano Carlos Slim.

  1. Dedicarse a servir cervezas o llevar pizzas no te quita dignidad. Tus abuelos lo llamaban de otra forma: o-por-tu-ni-dad.

A menudo, las personas dejan correr el tiempo esperando la oportunidad de su vida, el negocio del siglo o el pelotazo del año para resolver su vida para siempre y poder dedicarse a viajar. Es una posibilidad, aunque, antes que quedarse a esperar esa opción, que ocurre de Pascuas a Ramos, es mucho mejor ir poniendo un ladrillo cada día. Y si eso lo haces todos los días y sin parar, al final acabas teniendo una gran pared construida. Cualquier ocasión es buena para sumar conocimientos, experiencia y contactos. No lo subestimes. A veces (muchas veces), las oportunidades grandes nacen de haber sabido aprovechar las pequeñas.

  1. La vida no es justa. Acostúmbrate a ello.

 A lo largo de la carrera profesional y la vida personal, uno se encuentra trabas y obstáculos de diversa índole. Algunos de ellos tienen que ver con las injusticias sociales y las deslealtades personales. Forman parte del juego de la vida. Lo peor que uno puede hacer es resignarse, patalear y abandonar. Tal vez esa actitud nos haga sentir mejor, pero no cambia nada.

Amiguismos, enchufismos y viejas deudas, hacen que las cosas no discurran como debieran. Es ley de vida. Hay que ver la forma de llegar a donde queremos llegar bordeando todos esos inconvenientes, hallando caminos alternativos y esculpiendo rutas por otros lados. Lo importante es no perder nunca de vista nuestro objetivo.

  1. A menudo tienes que confiar en la intuición.

Muchas veces, y más hoy día, hay que tomar decisiones sin contar con todos los datos encima de la mesa. Ahí es donde la intuición es nuestra mejor compañera. La intuición es ese pálpito interior procedente del inconsciente y que resulta de unir y coser toda la información disponible.

La dificultad para racionalizar ese pálpito intuitivo hace que muchas veces lo despreciemos y no lo tomemos en cuenta. La intuición nos dice «qué hacer», pero no «por qué hacerlo»; por eso, con frecuencia, no la valoramos lo suficiente. Sin embargo, merece la pena ser más conscientes de dónde procede y ponerla en valor. La intuición no es «no pensar», sino «pensar sin pensar». La intuición bien formada es un razonamiento inconsciente que se elabora a gran velocidad. De manera resumida, la intuición es la razón acelerada.

  1. No ganarás 5.000 euros mensuales recién a cabada tu carrera universitaria ni serás vice presidente de nada hasta que, con tu esfuerzo, te  hayas ganado ambas cosas.

Todas las personas somos el «resultado de nuestros resultados». Tú no eres tus títulos, eres tus logros. Los primeros te abren puertas, los segundos te hacen avanzar o quedarte estancado. Lo relevante es cómo conviertes conocimientos (aprendizaje informativo) en resultados (aprendizaje transformador). Lo importante no es lo que sabes, sino lo que haces con lo que sabes. Eso es lo verdaderamente importante. A partir de ahí empieza tu credibilidad, con lo que consigues. Un solo éxito vale más que una ristra de licenciaturas, másteres, doctorados y cursos.

  1. El problema con vosotros [consultores] es que lo que llamáis examinar el entorno yo lo llamo hablar con la gente.

Es importante tomar el pulso a la realidad y estar cerca del mercado. Y eso está al alcance de cualquier directivo, basta con salir a la calle. No hay que ser extremistas, pero el «mantra» de la consultoría es siempre el mismo: facturar. Para ello hay que ser capaz de justificar los honorarios

«vistiendo» bien los informes, poniendo las cosas bonitas y utilizando palabras inventadas. Todo es más sencillo, pero muchas veces el mérito de la consultoría consiste en complicar las cosas y luego ofrecer una solución para esa complejidad. La gente huye de lo sencillo porque tiene miedo a que se equipare con algo simple o vulgar. Abandona la cueva, sal del despacho y pregunta y conversa con la gente.

  1. Al mundo no le importa tu autoestima. El mundo espera que logre s algo, independientemente de  que te sientas bien o no contigo mismo.

La filosofía de los negocios es siempre la misma: aportar valor. Los clientes quieren soluciones, y las empresas quieren resultados. No hay que esperar a sentirse bien para actuar, porque eso es garantizar la inacción. Hay que actuar siempre, especialmente cuando uno no se encuentra bien.

La política Indira Gandhi lo expresaba así: «El mundo exige resultados. No les cuentes a otros tus dolores del parto, muéstrales al niño». El propio Gates, dirigiéndose a una audiencia de estudiantes, les decía: «La vida real no tiene largas vacaciones de verano, de Pascua, de Navidad o del colegio, ni puentes, y pocos jefes se interesarán en ayudarte a que te encuentres a ti mismo.

Todo eso tendrás que hacerlo en tu tiempo libre».

  1. En la escuela puede haberse eliminado la diferencia entre «ganadores» y «perdedores», pero en la vida real no. En la escuela te  dan oportunidades para ir aprobando tus exámenes, para que  tus tare as te  resulten más fáciles y llevaderas. Esto no te  ocurrirá en la vida real.

El mercado es implacable. Da y quita sin piedad. Mientras creas valor y aportas, el mercado te corresponde; cuando ocurre lo contrario, te abandona. La lealtad es mínima en cualquier industria, y dura hasta que aparecen alternativas mejores. Al mercado le gustan los ganadores, y se identifica con ellos, con ser de su tribu. Y si tú no eres capaz de ser uno de ellos, el mercado te da de lado y te ignora. Para evitar esto último es bueno diferenciarse en algo (lo que se ofrece, cómo se ofrece o lo que se hace sentir) y ser capaces de ponerlo en valor continuamente. El éxito consiste en diferenciarse y, después, seguir diferenciándose. De otro modo, tus días están contados.

  1. Sé amable con los nerds. Hay muchas probabilidades de que termines trabajando para uno de ellos.

Los tiempos han cambiado. Cada vez habrá más gente joven dirigiendo a gente de mayor edad. Así son las cosas y así hay que aceptarlas. Las relaciones profesionales y laborales se transforman y hay que adaptarse. Quejarse puede ser una solución, pero quizá no la mejor. Hay personas que viven instaladas en el pasado (lo que fue) o en el futuro (lo que podría ser) y pocas admiten el presente (lo que es). Y ése es uno de los mayores enemigos y peligros del ser humano: negar la realidad. Aceptarla es el primer paso para gestionarla con éxito.

  1. Siempre hay que estar pensando en quién vendrá a cazarte .

Ésa es la actitud más prudente en el ámbito mercantil, la que lleva a estar siempre alerta y a no relajarse. Casi todas las empresas, como casi todas las personas, acaban acomodándose, burocratizándose o instalándose en la rutina. Mantener un actitud de mejora permanente no es sencillo, pero sí imprescindible si uno quiere seguir teniendo una posición de liderazgo en el sector en el que opera. Competidores, productos sustitutivos o madurez del mercado son sólo algunos factores que pueden hacer que se vaya al traste cualquier proyecto si no se sabe adaptar o renovar la propuesta de valor a lo que los clientes demandan. No son muchos quienes lo consiguen.

  1. Si metes la pata, no es culpa de tus padres ni de tus profesores, así que no lloriquees por tus errores y aprende de ellos.

Mwalimu Musheshe dijo una vez: «Si no cambias la creencia de la gente de que puede influir en su futuro, nada de lo que hagas servirá». Responsabilizarse de la propia vida es la primera de las variables que definen a las personas con liderazgo. Es cierto que las condiciones de partida no son iguales para todos, pero también es cierto que hay cientos de ejemplos de personas que no han nacido en los entornos más favorables, que no han tenido la educación más apropiada, que no han tenido acceso a «padrinos» y que, a pesar de todo, han ido superando dificultades hasta llegar muy lejos. Poner la responsabilidad en uno mismo es el punto de partida para que ocurran cosas buenas. Ésa es la filosofía «ganadora»: tener ganas de conseguir metas, aprender y mejorar.

La «excusitis» es la enfermedad del fracaso.

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