Carlos-Slim

Carlos-Slim

Carlos Slim (1940), empresario y filántropo mexicano, está considerado por la revista Forbes el hombre más rico del mundo. Ingeniero civil, desde joven comenzó a invertir en la compra de negocios. A principios de los años ochenta y en medio de una crisis que paralizó México y que produjo fugas de capital históricas, Slim realizó fuertes inversiones en el país adquiriendo varias empresas. Los negocios de Slim se estructuran en torno al Grupo Carso, que da empleo a 250.000 personas de manera directa y a más de 500.000 de manera indirecta. Ha sido premiado y condecorado en múltiples ocasiones.

  1. Soy sobrio, y mis hijos también; por gusto, por convicción, no por disciplina.

La austeridad, a pesar de que es un concepto que no tiene mucho glamour en general, y, en particular, mucho menos en la empresa, es fundamental para construir empresas sólidas. No se trata de no gastar, sino de gastar con sentido común y prudencia. El propio Slim dice: «Mantener la austeridad en tiempos de vacas gordas fortalece, capitaliza y acelera el desarrollo de la empresa; asimismo, evita los amargos ajustes drásticos en las épocas de crisis». Los grandes empresarios, los que sobreviven a las crisis y a los contratiempos, son aquellos que han hecho de la austeridad una forma de vida. Y la austeridad no tiene nada que ver con ser tacaño, sino con no derrochar. Vivir bien y holgadamente no consiste en tirar el dinero. Slim apuntaba también: «El dinero que sale de la empresa se evapora, por eso reinvertimos los beneficios».

  1. Cuando vives para la opinión de los demás, estás muerto.

Si vives pendiente de los demás, pierdes tu esencia, tu singularidad, tu diferencia, tu autenticidad. Una persona que mira de reojo buscando la aprobación de los demás, se deprecia porque se desprecia. En tales situaciones, uno no presta atención a lo que es, a su yo más profundo; se deja llevar, y eso acaba pasando factura a su rendimiento, y, sobre todo, a su satisfacción y felicidad.

No hay nada más rentable que ser honesto con uno mismo. Es imposible calar en los demás enfundándote en un personaje diferente al que eres para recibir aprobación social. Las personas que dejan huella en los demás son personas auténticas, fieles a ellas mimas y a sus convicciones.

Y cuando eres auténtico, siempre va a haber un determinado colectivo al que no le vas a gustar y te van a criticar. No pasa nada. Es el precio de la autenticidad. No hay nada peor que ser indiferente y pasar desapercibido por intentar agradar a todos.

  1. Todos los tiempos son buenos para quienes saben trabajar.

Muchas veces no hay oportunidades de empleo, pero oportunidades empresariales siempre existen. De lo que se trata es de descubrir nichos de mercado o tendencias no materializadas para cubrirlas con propuestas de valor. Las oportunidades están en todos los lados, sólo hay que saber detectarlas. De lo que se trata es de ir por la vida como un «animal curioso», siendo observador.

Fíjate dónde hay un problema, y ofrece una solución; dónde existe un miedo, y dilúyelo; dónde existe la posibilidad de vender más barato, y rebaja el precio. En períodos de crisis han nacido muchas empresas rentables.

  1. Cuando te vas de este mundo no te llevas nada, pero lo que puedes dejar es mucho.

Ése es nuestro legado y la prueba de que el paso por esta vida mereció la pena. Pueden ser tus ideas, tus obras o la inspiración que has generado en los demás. Se ha dicho en alguna ocasión que el éxito es saber cuánta gente vive mejor gracias a que tú existes. Por encima de todo lo demás, haz que tu vida sea útil: preocúpate por servir, te sentirás bien contigo mismo, harás la vida más fácil a otros y cosecharás beneficios. Slim dice: «Nuestra premisa es y siempre ha sido tener muy presente que nos vamos sin nada; que sólo podemos hacer las cosas en la vida y que el empresario es un creador de riqueza que la administra temporalmente».

  1. Hay que imponer nuestra voluntad a nuestras debilidades.

El ser humano siempre es una continua lucha entre dos deseos: el deseo de reto y el deseo de comodidad. El mayor enemigo en la consecución de metas es la pereza, que siempre opta por lo cómodo en lugar de por lo necesario. Es lo que diferencia a los perdedores de los ganadores. Los primeros hacen lo que alivia tensiones; los segundos, lo que la disciplina exige. A lo largo del camino siempre se encuentran tentaciones para no hacer lo que tiene que ser hecho. Quienes las vencen, avanzan; quienes claudican ante ellas, se estancan. Ahí es donde la voluntad cobra protagonismo, donde no nos dejamos seducir por alternativas más cómodas, que si bien en el corto plazo nos satisfacen, en el medio y largo plazo nos perjudican. Sacrificio es renunciar a algo por otra cosa mejor.

  1. Estructuras simples, organizaciones con mínimos niveles jerárquicos, desarrollo humano y formación interna. Flexibilidad y rapidez en las decisiones. En definitiva, operar con las ventajas de la empresa pequeña, que son las que  hacen grandes a las grandes empresas.

Todos ellos son factores indispensables para el éxito. En el mundo de la empresa (y más hoy día, cuando todo sucede con gran rapidez), la agilidad a la hora de ofrecer respuestas es una ventaja competitiva de indudable valor. La velocidad para pasar de la decisión a la acción sin contemplaciones es un valor. La burocracia genera rigideces en la toma de decisiones y favorece el desánimo y la desmotivación. Hay que configurar organizaciones más planas donde la comunicación, esa savia de las empresas, promueva el diálogo, el contraste de opiniones y la cooperación, permitiendo así ejecutar con celeridad las decisiones adoptadas.

  1. No hay reto que no podamos alcanzar trabajando unidos, con claridad de los objetivos.

La unión hace la fuerza. Siempre ha sido así. El liderazgo se compone de cinco conceptos. Primero, la empresa debe tener una visión muy clara de lo que quiere ser y hacia dónde va (liderazgo creativo); segundo, hay que compartir esa visión con todos, consiguiendo que la entiendan y la hagan suya (liderazgo emocional); tercero, hay que ser capaz de convertir esa visión en realidad (liderazgo técnico), cuarto, teniendo en cuenta a las personas (liderazgo humano), y quinto, sin olvidarse jamás de los valores (liderazgo ético).

  1. El trabajo bien hecho no es sólo una responsabilidad «social», es también una necesidad «emocional».

Cuando uno se limita a cubrir el expediente, primero, es imposible tener un desempeño óptimo y, segundo, es imposible sentirse realizado. El ser humano está hecho para la belleza, para lo mejor, y cuando no lo da todo, en realidad lo que está dando es nada. La excelencia está indisolublemente unida al compromiso; y el compromiso exige volcarse en los proyectos en cuerpo y alma, sin escatimar esfuerzos. El compromiso es una de las variables que distingue a las personas de alto rendimiento de las que están en la media. Son personas que sobrepasan las fronteras técnicas o formales de un puesto. Personas de éxito, personas comprometidas al cien por cien.

  1. El éxito no es sólo triunfar en los negocios, sino que implica valores y principios.

El propio Slim decía cierta vez: «El éxito no es hacer bien o muy bien las cosas y tener el reconocimiento de los demás. No es una opinión exterior, es un estado interior. Es la armonía del alma y las emociones, que necesita del amor, la familia, la amistad, la autenticidad, la integridad.

Lo que más vale en la vida nos cuesta y cuesta mucho». Y añadía: «El éxito implica privilegios, pero también riesgos. La fortaleza y el equilibrio emocional están en la vida interior, y en evitar aquellos sentimientos que corroen el alma, la envidia, los celos, la soberbia, la lujuria, el egoísmo, la venganza, la avaricia y la pereza, que son venenos que se ingieren poco a poco». Si se hace un pacto con el diablo, antes o después se acaba pagando. Hacer el mal siempre se vuelve en tu contra. Nunca hay que dejar de lado los valores y los principios.

  1. Vivan sin miedos y sin culpas. Los miedos son los peores sentimientos del hombre, lo debilitan, inhiben su acción y lo de primen. Por su parte, las culpas son un lastre enorme en nuestro pensar, al actuar y en la vida. Unos y otras hacen difícil el presente y obstruyen el futuro.

Para combatir el miedo lo mejor es actuar. Mientras que la acción alimenta la confianza, la pasividad y la indecisión alimentan el miedo. Cada vez que afrontas el miedo, éste se vuelve más pequeño; cada vez que no le plantas cara, engorda un poco más. Se hace fuerte al ver que no te has atrevido. La consigna es clara: siente miedo, pero haz lo que tienes que hacer de todas maneras. En cuanto a la culpa, no hay mejor consejo que apelar a la conciencia cada vez que haya que tomar una decisión. La conciencia, como se ha dicho en alguna ocasión, es la voz del mismo Dios que habla. Nuestros actos regresan a nosotros tarde o temprano con sorprendente exactitud.

Antes de llevar a cabo determinados comportamientos, conviene pensárselo dos veces.

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