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David Henry Thoreau (1817-1862) fue un escritor, poeta y filósofo estadounidense vinculado al transcendentalismo. Considerado uno de los padres de la literatura estadounidense, fue también artífice de la conceptualización de las prácticas de desobediencia civil. Escribió numerosos ensayos, entre los que destacan, por ejemplo, Desobediencia civil y Walden

  1. Lo que un hombre piensa de sí mismo, más que cualquier otra cosa, es lo que determina su destino.

Nuestros pensamientos gobiernan nuestra vida. Lo que una persona cree de sí misma influye poderosamente, para bien y para mal, en lo que logra y alcanza. Somos nuestros pensamientos.

Por ello, si realmente fuéramos conscientes del poder que tienen en nuestra vida, jamás volveríamos a tener un pensamiento negativo. A lo largo del día tenemos entre 60.000 y 70.000 pensamientos, la mayoría de ellos derrotistas. ¿Conclusión? Llevamos vidas muy por debajo de nuestro verdadero potencial. Cambiar tu forma de pensar, cambia tu forma de actuar; al cambiar tu forma de actuar, cambiarán los resultados que obtengas. Pensar mejor te lleva a obrar con más éxito.

  1. Casi todas las personas viven en una silenciosa desesperación.

La sociedad no está construida para que cada uno de nosotros cumplamos nuestros sueños. El primer mal es la educación que nos uniformiza y nos mete a todos en el mismo saco. Al que no pinta dentro de las líneas, se le da un tirón de orejas; al que se aparta de la fila, se le castiga; al que pregunta demasiado, se le calla la boca; al que da respuestas imprevisibles, se le ridiculiza; y al que se separa de las reglas, se le pone mirando a la pared. El objetivo es que no salgan piezas defectuosas, a base de estandarizar el proceso de producción educativo para que nadie destaque por algo. La diferencia siempre incomoda. La finalidad no es otra que reconducir a las personas al redil, ya que controlar a la masa siempre es más fácil que controlar a las personas una a una. Esta industrialización del proceso educativo en el que se «fabrican» niños al por mayor hace que, poco a poco, muchas personalidades vayan quedando anuladas al serles arrebatadas su singularidad para pasar a formar parte de la uniformidad del rebaño. Resultado: vidas prêt à porter cortadas por el mismo patrón que desembocan en una insatisfacción crónica.

  1. Si has construido castillos en el aire, tu trabajo no se pierde; ahora coloca las bases de bajo de ellos.

Todo empieza por un sueño. Eso es lo que nos hace ponernos en movimiento. Y no seas cicatero a la hora de soñar, ¿cuál es el motivo para serlo? No existen metas no realistas, sólo tiempos no realistas. Todo es posible si te das el tiempo suficiente. Es cuestión de ponerse a caminar e ir probando por aquí y por allá hasta que finalmente se encuentra el sendero oportuno. Nunca enuncies a tus sueños por el tiempo que te llevarán, porque el tiempo transcurrirá igualmente. Lucha por ello incansablemente.

  1. ¡Cuán vano es sentarse a escribir cuando todavía no te has levantado a vivir!

La pregunta es: ¿Hablas de lo que has leído o hablas de lo que has vivido? Estamos «borrachos» de teoría. Existe mucho discurso intelectual que poco tiene que ver con las vivencias propias. Sólo se puede convencer desde la experiencia personal; cualquier otra cosa huele a postizo, a teoría empalagosa, a enseñanzas prestadas. Primero vive y luego escribe, serás más creíble.

Toreau también afirmaba: «Hay más religión en la ciencia del hombre que ciencia en su religión». Lo que hay que aprender, hay que vivirlo. Sólo entonces se está en mejores condiciones de transmitirlo a terceros.

  1. ¡Como si se pudiera matar el tiempo sin insultar a la eternidad!

El tiempo es el bien más democráticamente repartido en el mundo. Cualquier persona tiene la misma cantidad: veinticuatro horas. Es el único factor que nos iguala a todos, quizá por eso es tan importante. No distingue por el color de la piel (blancos o negros), por la tendencia política (liberales o conservadores), por el sexo (hombre o mujer), por el nivel económico (ricos o pobres) o por cualquier otra categoría. El tiempo es el bien más valioso con el que contamos las personas, porque no se puede recuperar, ni reciclar, ni conseguir más. O se aprovecha o se desaprovecha, no hay más alternativas. Un conocido anuncio de la marca de coches Mercedes dice: «Supongamos que cada mañana te encuentras 1.440 euros. Puedes regalarlos, divertirte con ellos o quemarlos. Pero los que no uses al final del día desaparecerán. Así funciona la vida, la diferencia es que lo que te encuentras cada mañana no son 1.440 euros, sino 1.440 minutos».

  1. Las cosas no cambian; cambiamos nosotros.

Si no te gusta tu vida y quieres que mejore, tienes que introducir cambios para que así ocurra. Los resultados no mienten: si ganas poco dinero y te gustaría ganar más, tendrás que hacer cosas diferentes; si llevas mucho tiempo sin pareja y te apetecería encontrar una, tendrás que adoptar nuevas decisiones. Y no te refugies en el «es que yo soy así» para no pasar a la acción y salir de tu zona de confort. Ésa es una excusa fácil. No hay nada peor que la esperanza pasiva. El mero paso del tiempo casi nunca cambia nada, eres tú el que tienes que introducir cambios en tu vida: establecer metas, diseñar planes y concretar acciones específicas para materializarlas.

  1. Si no logras convencer a una persona de lo malo que está haciendo, procura hacer entonces lo bueno. La gente cree sólo lo que ve.

La gente siempre podrá dudar de lo que dices (palabras), pero jamás de lo que haces (hechos). La credibilidad se fundamenta, sobre todo, en el ejemplo. Por eso, la mejor manera de «decir» es «hacer». Eso es credibilidad pura y dura, sin ningún tipo de condimento. Los hechos son los que son: incontestables. Ya lo decía Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz en 1952: «El ejemplo no es una de las formas de influir en los demás, es la única».

  1. El mundo no es sino un lienzo para nuestra imaginación.

«Lo hicieron, porque no sabían que era imposible», rezaba un grafiti en una pared abandonada Los límites no son sino límites mentales. No racionalices tus metas ni intentes ver todo el camino por delante; no pretendas disipar todos los obstáculos antes de empezar. Cree que es posible, lánzate a su conquista y jamás desistas. No hay más secretos: fe + acción + persistencia. Julio Verne, autor de Veinte mil leguas de viaje submarino  (1869), dijo en su día: «Todo lo que un hombre es capaz de imaginar es capaz de hacerlo realidad».

  1. Si uno avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y se esfuerza por vivir la vida que ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado en algún momento.

El universo siempre apoya cuando uno se atreve a ir de manera incondicional en busca de sus sueños. Paulo Coelho, en su conocida obra El alquimista, escribe: «Cuando deseas algo de verdad, todo el universo conspira para que se haga realidad». Es la ley de la «sincronicidad», por la cual irán apareciendo las personas y las circunstancias precisas para que uno pueda seguir avanzando del punto A al B. Lo verdaderamente relevante es tener fe, que no significa otra cosa que tener certeza sin evidencia. No seas razonable, nada grande se ha logrado siendo razonable. Decide lo que quieres, cree que es posible y acepta el precio que hay que pagar por conseguirlo.

 El hombre es rico en proporción a la cantidad de cosas de las que puede prescindir.

No se trata de renunciar a todos aquellos placeres que nos brinda la vida, sino de no depender de ellos. A menor dependencia, mayor libertad. Las dependencias (del tipo que sean, y muy particularmente las materiales) nos atan y condicionan nuestra vida. Las dependencias lo son cuando uno no puede vivir sin ellas, cuando convertimos deseos en necesidades. El propio Thoreau afirmaba: «Un corazón grande se llena con poco. La mayoría de los lujos y muchas de las llamadas comodidades de la vida no sólo no son indispensables, sino que resultan un obstáculo evidente para la elevación espiritual de la humanidad».

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