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David J. Schwartz (1927-1987) fue escritor, coach y conferenciante estadounidense sobre desarrollo personal. Ejerció como profesor en la Universidad Estatal de Georgia y publicó diferentes libros sobre la materia. Su obra más conocida es La magia de pensar en grande, de la que se han vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo.

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  1. Lo importante no es dónde estabas, ni dónde estás, sino dónde quieres estar.

«Que el pasado no sea tirano del futuro», escribía Unamuno. La capacidad del ser humano para reinventarse es fabulosa. La posición de partida condiciona, pero no determina. Imagínate que tu deseo es ser un vendedor sobresaliente. Si nos movemos en una escala de cero a diez, tú puedes estar en un nivel dos y otra persona en un nivel seis. Si estás en un nivel dos respecto a otra persona que esté en un nivel seis, eso tan sólo indica que tendrás que trabajar más duro y por más tiempo. Pero lo realmente importante es que la meta está a tu alcance. Tú decides si pagas o no el peaje.

  1. No hay tanta competencia en los niveles de excelencia; la competencia la hay en los niveles de mediocridad.

O, dicho de otra manera: la pesca es mejor allí donde sólo se atreven a ir los más audaces. Hacer lo difícil en lugar de lo fácil te diferencia del resto. La mayoría de la gente suele optar por la alternativa más cómoda. Además, tener como filosofía empresarial la excelencia siempre supone barreras de entrada a la competencia: cuanto mejor seas, menos competidores tendrás. La calidad siempre es una buena estrategia para diferenciarse.

  1. Sólo hay una cosa cierta: eres más grande de lo que piensas.

Casi todo el mundo tiene problemas de autoestima. No es mucha la gente que vaya sobrada en este aspecto. Y nuestra vida es, precisamente, un reflejo de nuestra autoestima. Todo empieza por ahí. Todas las personas de éxito cuentan con una cualidad: creen en ellas mismas. Si tienes fe en ti, acabarás sorteando cualquier obstáculo. Para crecer personal y profesionalmente, la única obsesión debe de ser la de creer en uno mismo. Lo que se esconde detrás de muchos deseos frustrados no es la incapacidad para conseguirlos, sino la convicción de que no se pueden lograr. Son nuestras creencias las que nos limitan.

  1. Nunca pierdas de vista tu objetivo. Eso es lo realmente importante, seguir avanzando a pesar de las circunstancias.

No importa si estás bajo de ánimo, si tu cliente ha rechazado una propuesta, si te has equivocado al lanzar un producto, si las ventas no consiguen despegar del todo. Todo eso es secundario. Lo realmente importante es que no desistas en tu empeño por lograr aquello que deseas. El juego nunca termina cuando pierdes; el juego termina cuando te das por vencido. A pesar de las circunstancias, no te detengas y sigue tu marcha al frente.

  1. Los pensamientos negativos son una especie de suicidio espiritual.

La mente puede convertir el paraíso en infierno y el infierno en paraíso. La mente es una fábrica de realidades. Creer es crear. Cuando crees algo, tu mente encuentra la forma de lograrlo. La capacidad para hacer algo es un estado de la mente. Pero también ocurre lo contrario. Los pensamientos negativos son esos monstruos mentales que nos torturan, nos reprimen, nos arrinconan, nos hacen sentir pequeños: no soy bueno, no me lo merezco, no va a salir bien. La mente es un arma muy poderosa, pero actúa en los dos sentidos: catapultándonos hacia el éxito o hundiéndonos en la miseria.

  1. Pide opinión sobre tu idea a los de más y tendrás una idea mejor. Una mente que sólo se alimenta de sí misma se debilita.

En la creación de empresas y en el lanzamiento de nuevos proyectos, habitualmente se comete un error: sobreproteger la idea, ser excesivamente celosos de ella. La discreción es una virtud, pero es mejor que no crees un búnker alrededor de tu idea de negocio. Las opiniones de terceras personas con credibilidad te permitirán ajustar el tiro con mejor precisión: saber si realmente hay mercado, si el target es el adecuado u otros matices que, con toda seguridad, se te escapan, y que seguro que añaden valor. Eso te puede ayudar a ahorrarte disgustos, a evitar errores y a ir más rápido en la consecución de tus objetivos. Toda opinión se basa en unas creencias, las cuales conviene complementar con las de otras personas que tengan, eso sí, buen juicio.

  1. Una persona entusiasta, con lo que dice y hace, siempre genera seguidores entusiasmados.

Nada se contagia tanto como el entusiasmo. El entusiasmo es esa mecha que prende y llena de energía a las personas que están alrededor. El entusiasmo es una fuerza irresistible a la que no es fácil contenerse. Cuando una persona actúa con entusiasmo todo invita a unirse a ese proyecto que nos propone. Hay una energía que nos arrastra a acompañarle; uno quiere ser partícipe de esa aventura tan atractiva que nos plantea. El entusiasmo tiene un gran poder seductor. El entusiasmo es vida y, como decía Gregorio Marañón, «signo de salud espiritual».

  1. Tu éxito de pende del apoyo de la gente. No lo podrás lograr tú solo.

Grandes logros, grandes equipos. No es factible otra cosa. Todos tenemos carencias y defectos que debemos compensar con las virtudes de otras personas para construir algo digno. Un proverbio africano dice: «Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve con otros». Y para ello se requieren dos cualidades: primero, humildad para saber que necesitamos de los demás; y segundo, generosidad para poner nuestras capacidades al servicio del resto. ¿El mayor enemigo de los equipos? El ego, que se despliega cuando todo el mundo quiere ser excepción y nadie norma, o cuando priman las individualidades y cada persona quiere ser la prima donna, o cuando se prefiere un éxito pequeño pero propio a un éxito grande pero colectivo.

  1. La actitud correcta y un brazo pueden superar a la actitud incorrecta y dos brazos.

Ésta es quizá la cualidad más importante para lograr cualquier cosa: actitud. Con buena actitud se pueden lograr muchas cosas, aunque se carezcan inicialmente de ciertos conocimientos técnicos o de ciertas habilidades sociales; porque la palabra actitud alberga en su seno un polinomio de factores: capacidad de trabajo, ganas de aprender, buen ánimo o flexibilidad, entre otros. Hay muchos casos de personas con talento pero con mala actitud que no lograron lo que querían, pero pocos casos de personas que con buena actitud y voluntad no hayan conseguido lo que deseaban.

  1. Una conversación generosa, escuchando mucho, es la forma más sencilla y segura de hacer amigos.

No hay nada más agradable para una persona que percibir que se le presta atención. Lo que más nos gusta es hablar de nosotros: de nuestros proyectos, de nuestros logros, de nuestras vacaciones, de nuestras conquistas. Trata a cada persona como si fuese la más importante porque para ella es la más importante. Cualquier persona necesita sentirse especial, única, reconocida. Y escuchar con atención cumple esa función. Nos interesan los demás cuando éstos se interesan por nosotros. Anima a los demás a que hablen de sí mismos.

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