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Del libro aprendiendo de los mejores esta semana el Dalái Lama:

Tenzin Gyatso (1935) es el actual dalái lama del Tíbet (traducido como «océano de sabiduría»), título del dirigente del Gobierno tibetano en el exilio y del líder espiritual del lamaísmo, o budismo tibetano, antes de la invasión china. En 1989, el dalái lama recibió el premio Nobel de la Paz. En 2007, el Congreso de Estados Unidos le otorgó la medalla de oro por su protesta contra el Gobierno de China; y en 2010 fue recibido en la Casa Blanca por Barack Obama. En 2011, el dalái lama anunció que renunciaba a todos los cargos políticos que ostentaba en el Gobierno tibetano en el exilio, para quedar sólo como líder espiritual y religioso. Su figura ha dado lugar a varias películas, entre ellas, Siete años en el Tíbet y Kundun.

  1. Tenga en cuenta que los grandes amores y las grandes realizaciones conllevan grandes riesgos.

A la gente nunca hay que preguntarle qué quiere conseguir en la vida, sino qué está dispuesta a perder, porque eso es indicativo del grado de compromiso con la causa que añora. Grandes metas, grandes riesgos. Sentido común. Hay una diferencia entre vivir y sobrevivir. Vivir es apostar por lo que uno desea y arriesgarse a que sucedan cosas. Sobrevivir es aferrarse a lo seguro y a que no ocurra nada interesante. Sólo tú decides si optas por una u otra opción.

  1. Cuando pierdas, no pierdas la lección.

Unas veces se gana y otras se aprende. Si de los errores, los fracasos y las pérdidas se saca una lección, ya no son tales, sino un peldaño más en la escalera hacia nuestras metas. Todo suma.

Cualquier biografía de éxito está forjada a base de tropiezos. El mariscal Turenne decía: «Es preciso haber sido derrotado dos o tres veces antes de poder ser alguien». El problema es cuando, por orgullo, uno se empeña en negar los errores o en buscar excusas o culpables para no asumir la propia responsabilidad. El cambio sólo es posible desde la aceptación, nunca desde la negación. A lo que te resistes, persistes; lo que aceptas, te transforma.

  1. Recuerda que no conseguir lo que quieres es a veces un maravilloso golpe de suerte.

En ocasiones, lo mejor que le puede ocurrir a una persona es aquello que jamás hubiese deseado que le ocurriese. Un despido, por ejemplo, puede ser un revulsivo maravilloso, ya que gracias a esa decisión de la empresa que nos parece tremenda, es el comienzo de un nuevo viaje que en otras circunstancias nunca nos hubiésemos atrevido a emprender por propia iniciativa. Pascal afirmaba que «la desgracia descubre al alma luces que la prosperidad no llega a percibir».

Muchas veces las crisis –profesionales y personales– actúan a modo de «despertador» vital, nos sacan de la rutina y nos espabilan con sus preguntas.

  1. A través de la meditación se puede conseguir la paz interior, y a través de ella, la paz mundial.

La meditación consiste en calmar todos esos pensamientos saboteadores que revolotean en nuestra cabeza. Meditar no es otra cosa que tranquilizar la mente, aquietarla, y su práctica permite la conexión directa con el alma. Aldous Huxley apuntaba: «La meditación ha sido practicada en todo el mundo desde los tiempos más remotos como la manera de llegar a conocer la naturaleza esencial de las cosas». Meditar nos ayuda a encauzar positivamente el pensamiento, lo que redunda en una mejora de la calidad de vida psíquica, y por ende, de la calidad de vida física, dada la relación tan estrecha entre mente y cuerpo. Practicar la meditación frena la ansiedad y el estrés y nos lleva a un estado de paz interior que nos sirve para conectar mejor con nosotros mismos, con los demás y con el resto del universo. Ello favorece la relajación muscular, la mejora de la circulación o el reforzamiento del sistema inmunitario, entre otros beneficios. La mente puede ser la herramienta más potente con la que contamos las personas, pero al mismo tiempo la más destructiva según la utilicemos de una manera u otra.

  1. Recuerda que el silencio es a veces la mejor respuesta. Pasa, todos los días, algún tiempo a solas.

Nos da miedo el silencio. Y nos da miedo porque el silencio es elocuencia. En el silencio se encuentran respuestas, muchas de las cuales son contrarias (y a veces totalmente opuestas) a nuestra forma de vida, lo que nos produciría, primero, un gran shock emocional, y, segundo, una gran ansiedad al obligarnos a entrar en acción y cambiar, a enfrentarnos a la incertidumbre, a dejar atrás un modo de vida para pasar a otro diferente. Citarse con uno mismo significa ser totalmente honesto y no disfrazar la realidad (a menudo barnizada de ego y apariencias sociales), así como asumir que, muchas veces, no estamos llevando la vida que nos gustaría, sino la impuesta por terceros. Con frecuencia, sólo nos atrevemos a conversar sinceramente con nosotros mismos cuando la adversidad (accidente, enfermedad o despido, entre otros acontecimientos) llama a nuestra puerta y no tenemos escapatoria.

  1. Mi verdadera religión es la bondad.

 Está comprobado científicamente que cuanto más implicada está una persona con una determinada causa social a la cual dedica parte de su vida como voluntario u otra forma altruista, dicha persona aumenta significativamente sus expectativas de vida, mejora su calidad de vida y se declara más feliz. David McClelland, psicólogo de la Universidad de Harvard, hizo un experimento con un grupo de estudiantes a los que mostró una película en la cual la Madre Teresa de Calcuta estaba desempeñando su labor con enfermos y pobres. Los estudiantes se mostraron conmovidos ante la película, y, poco tiempo después, al analizar la saliva de éstos, se descubrió un incremento en el nivel de inmunoglobulina A, un anticuerpo que ayuda a combatir las infecciones víricas y bacterianas. La bondad no sólo nos hace sentir bien emocionalmente, sino que nos hace sentir bien físicamente. El propio dalái lama afirmaba: «Vive una vida buena y honorable. Después, cuando seas mayor y mires hacia atrás, serás capaz de disfrutarla por segunda vez».

  1. Abre tus brazos al cambio, pero no dejes ir tus valores.

La vida es cambio y el cambio es vida, pero no se trata de cambiar por cambiar, sino de hacerlo en una dirección y un sentido. No todo cambio es admisible. Existen límites, los de los valores, que delimitan el terreno de juego por el que moverse con dignidad. Los principios deben ser los GPS (Global Positioning System) que nos indiquen por dónde avanzar con la cabeza alta. El éxito no consiste sólo en alcanzar resultados, sino en hacerlo sin dejar de lado la ética. El éxito sin valores no es éxito y, además, nos deja muy vacíos. Los cambios en el mercado, la presión por los resultados u otros factores nos pueden llevar a tomar determinadas decisiones que nos comprometen a largo plazo y ponen contra las cuerdas nuestra felicidad.

  1. No permitas que una pequeña disputa dañe una gran amistad. En desacuerdos con tus seres queridos, preocúpate únicamente por la situación actual. No saques a relucir el pasado.

A veces, pequeños roces pueden producir grandes rupturas que, por no ser gestionados en el momento oportuno, se enquistan de manera grave haciendo muy difícil su resolución. Por otro lado, cuando se producen conflictos y uno pretende resolverlos favorablemente, es importante saber mirar hacia delante. Perdonar implica no remover demasiado el pasado; de otro modo es complicado que exista futuro. Quien no sabe perdonar indica que no ha sabido cicatrizar las heridas del pasado y todavía alberga sentimientos de resentimiento que causan ansias de venganza muy dañinas para nuestra felicidad. Martin Seligman, padre de la psicología positiva, ha afirmado: «No puedes hacer daño al culpable no perdonando, pero puedes liberarte perdonándolo».

  1. Comparte tus conocimientos. Es una manera de alcanzar la inmortalidad.

La filosofía del dalái lama es clara: «La esencia de la vida espiritual está formada por nuestros sentimientos y nuestras actitudes hacia los demás». Desde el egoísmo es imposible tener una vida llena. El conocimiento, si no se comparte, se pudre como el agua estancada. Además, el conocimiento no nos pertenece, porque todo conocimiento parte de algo anterior. Todo lo que hemos construido nace de un trabajo previo. Por eso también tenemos la obligación moral de contribuir con nuestra aportación personal a la cadena del conocimiento y ayudar así a la evolución de la sociedad. Quien no adopta una postura de generosidad a la hora de compartir pone en evidencia su inseguridad, producto del miedo a perder lo que tiene, olvidando que cuanto más se da, más se recibe.

  1. Sigue las tres R: Respeto por ti mismo, Respeto por los de más y Responsabilidad por todas tus acciones.

Primero, respeto por ti mismo. A veces nos maltratamos demasiado, y eso se acaba reflejando directamente en nuestra relación con el mundo y con los demás. Si no estás bien contigo mismo, no puedes estar bien con otras personas. Llevarse mal con uno mismo dificulta enormemente la convivencia. Segundo, respeto por los demás. No hay mayor lealtad hacia una persona que respetar sus decisiones sin juzgarlas. Cada persona tiene derecho a ser la persona que ha decidido ser, aunque no coincida con nuestra forma de ver la vida. Y tercero, responsabilidad por nuestros actos. No culpabilices a nadie de tu vida, ya que es el resultado de todas aquellas decisiones que has ido tomando (o no tomando) a lo largo de tu existencia.

 

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