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“México ocupó el primer lugar en el número de desertores escolares de 15 a 18 años, el último en el que los jóvenes tienen la expectativa de terminar el bachillerato y la universidad. Y ratificó el tercer lugar entre las naciones con mayor población juvenil que no estudia ni trabaja, con 7 millones 337 mil 520, condiciones que fueron calificadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de un drama y algo brutal, porque existe una falla estructural.

Lo anterior representa una tragedia en lo individual y una pérdida en las capacidades, en el desarrollo pleno, en las oportunidades y en la dinámica económica de México” (el Universal 2015).

El Modelo Conceptual del Éxito-Fracaso Escolar elaborado por el Grupo Albor-Cohs (García Pérez, E.M., 1999), establece que el fracaso escolar (o rendimiento inferior al considerado “normal”), es el resultado de la interacción de múltiples factores, unos ambientales y otros individuales, y tanto unos como otros pueden ser transitorios o permanentes:

Aptitudes o habilidades básicas: Visión-audición-tacto, Motricidad Fina, Motricidad Gruesa, Memoria, Atención, Razonamiento Lógico.

Comportamiento de estudio que el alumno lleva a cabo tanto en el ámbito familiar como en el escolar. Éste puede ser ausente (no estudia), insuficiente (estudia poco) o ineficaz (estudia inadecuadamente).

Niveles curriculares previos: ¿tiene el niño la base académica necesaria (conocimientos, procedimientos)?

Niveles de activación óptimos: ¿tiene una actitud favorable hacia el estudio? ¿Tiene expectativas de éxito? ¿Se siente apoyado por padres y profesores?

Aunque algunas de estas variables sean deficitarias, otras pueden estar adecuadamente desarrolladas o presentar la posibilidad de ser mejoradas, de manera que el rendimiento puede ser modificado.

Nos gustaría centrar la atención sobre la importancia del último de los factores mencionados: “Niveles de activación óptimos”, por ser quizá el gran desconocido y en ocasiones, subestimado.

El aprendizaje consiste básicamente en adquirir competencia, ser capaz de realizar algo. La competencia se busca con distintas finalidades: se estudia para aprender, por distintos motivos y con diferentes fines; por lo tanto, para que esto sea posible, es necesario que el alumno tenga interés, o lo que es lo mismo, que esté motivado. Con el fin de optimizar el aprendizaje, el educador, padre o maestro debe incentivar al niño.

En los últimos años, la difusión del concepto de Inteligencia Emocional ha contribuido a la aceptación de la emoción como variable inseparable de la conducta humana. Si bien la emoción se vincula estrechamente a los comportamientos adultos, más aún determina los infantiles o adolescentes. No debemos olvidar que los niños, mucho antes de tener capacidad de cognición, ya experimentan los sentimientos, y que la emoción supone en esta etapa evolutiva el principal motor de la persona.

Los problemas de conducta social y el fracaso escolar están estrechamente relacionados: un niño con bajo rendimiento académico sufre frustración y castigo social, que a su vez derivan en un autoconcepto pobre y una autoestima baja. Este proceso puede desembocar en problemas de adaptación con sus padres, compañeros y profesores.

De ahí la relevancia de cuidar las emociones de los niños en entornos académicos o durante la realización de las tareas escolares. Es esencial garantizar un ambiente relajado, distendido, respetuoso, donde reinen la firmeza, la constancia y el cariño, para desterrar los sentimientos negativos de ansiedad, incompetencia o apatía que en muchas  ocasiones se relacionan con lo escolar.

Tanto los elogios (afirmación que reconoce el logro de un objetivo) como los apoyos (afirmación que reconoce el esfuerzo, se haya logrado o no el objetivo), deben estar presentes para evitar que la autoestima sufra. Proporcionarles la posibilidad de acumular experiencias exitosas que aumenten sus expectativas de logro y les demuestren que son capaces de hacer cosas bien, favorece que confíen en sí mismos.

Para finalizar, destacar que es aconsejable dotar al niño de cierta autonomía, para que tanto sus logros como sus tropiezos sean realmente “suyos” y pueda aprender a ser responsable de sus actos. La sobreprotección impide el desarrollo personal y la construcción de un autoconcepto sólido.

Fuente: Edunoi y el Universal 2015

diversidad cultural

En INTELIMUNDO estamos trabajando en la construcción de un modelo educativo ecléctico que unifica las diferentes teorías y modelos de enseñanza-aprendizaje, es inclusivo ya que implica que todos los niños, jóvenes y adultos de una determinada comunidad aprendan juntos independientemente de su origen, sus condiciones personales, sociales o culturales, incluidos aquellos que presentan cualquier problema de aprendizaje o discapacidad.

Se trata de un modelo que no pone requisitos de entrada ni mecanismos de selección o discriminación de ningún tipo, para hacer realmente efectivos los derechos a la educación, a la igualdad de oportunidades y a la participación.

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