Carlos-Slim

Guy Kawasaki (1954) es uno de los mayores expertos en temas relacionados con las nuevas tecnologías y el marketing. En esta última actividad, fue responsable de Macintosh a mediados de los años ochenta, y con gran éxito. En unos años más que difíciles para la empresa fundada por Steve Jobs, su trabajo fue tremendamente valioso, lo que le sirvió para obtener el reconocimiento internacional. En la actualidad dirige Garage Technology Ventures, una de las empresas de capital riesgo más importante de Estados Unidos. Es autor de diferentes libros, como El arte de empezar y El arte de cautivar.

Carlos-Slim

  1. No se trata de empezar siendo grande, sino de terminar siendo grande.

 El error de muchos emprendedores es siempre el mismo: querer convertirse en millonario de un día para otro. Rara vez eso ocurre. Detrás de cualquier historia deslumbrante que aparece en las páginas salmón de los periódicos hay mucho tesón. La mejor filosofía es el «pasito a pasito»; sin prisas, pero sin pausa. Hay que empezar a caminar y no parar; cada día un poco. Lo importante es tener como obsesión el dar siempre lo mejor; y disfrutar mucho del camino. Si se hace así, el resultado, de una u otra manera, acabará llegando.

  1. Siempre hay, en algún lugar, dos tipos en un garaje planeando tú desaparición. O vas por delante de ellos, o lo lograrán.

La época de las ventajas competitivas duraderas ya pasó. Los competidores nunca están parados.

Si tu negocio, producto o servicio es bueno y tiene una demanda atractiva, te intentarán copiar o incluso hacerlo mejor. ¿Cómo sobrevivir? Siendo «eternamente jóvenes». Teniendo una actitud de mejora constante. ¿Es fácil? No, pero no existe otra opción.

  1. No hay que tener miedo al fracaso, es una parte más del camino hacia el éxito. Si estamos esperando a probar y probar y mejorar en exceso nuestro producto, jamás lo lanzaremos en el momento idóneo. Lánzalo y, después, que el usuario lo pruebe. Él te dirá si tiene éxito o no. No presupongas nada.

En el mundo de los emprendedores casi siempre la mejor opción es «disparar primero y apuntar después». Hasta que no se lanzan los productos y servicios al mercado no se sabe cuál será la  reacción de los consumidores. Se pueden intuir ciertas cosas, pero son los clientes los que  finalmente confirman o rechazan nuestros presagios. No siempre se acierta: aquello que se pensaba que podría triunfar acaba pasando desapercibido, y aquello que se pensaba que no gustaría termina siendo un éxito. No hay que dar nada por supuesto. Lo mejor es poner en el mercado nuestra propuesta y esperar reacciones. Y, a partir de ahí, ajustar el tiro.

  1. Las organizaciones son exitosas debido a la buena implementación, no a los buenos planes de negocios.

El papel resiste cualquier tipo de argumentación. Cualquier consultora de prestigio, con un poco de estudio y análisis, es capaz de hacer un buen diagnóstico y concluir qué hacer (líneas estratégicas) y cómo hacerlo (planes de acción). Pero el éxito está en convertir planes estratégicos en resultados. El éxito está en la ejecución, y ésta depende de dos factores: primero, del compromiso de la alta dirección con el proyecto; y segundo, de la capacidad de liderazgo de los directivos para que se haga realidad movilizando a los equipos y venciendo todo tipo de resistencias al cambio.

  1. Siempre hay un mercado nuevo o por explotar.

No hay nada más mediocre que decir: «está todo inventado». Define a la persona que expresa esas palabras por su boca. Oportunidades siempre existen: en todos los mercados, en todas las industrias, en todos los países. El razonamiento es el inverso: «está todo por hacer». Y para intentar descubrir esas oportunidades es importante ser observador y curioso. El mercado siempre da pistas de por dónde avanzar y cómo obtener una diferenciación. Basta tener la sensibilidad para saber descifrarlas.

  1. El 90 % de las presentaciones son una mierda.

En el mundo de la empresa todo son presentaciones: a clientes, a proveedores, a empleados, a inversores, a partners, etcétera Y el éxito de una presentación está en su capacidad de impactar. Sin embargo, no es fácil encontrar profesionales que hagan buenas presentaciones: que tengan la duración adecuada («jamás he visto una presentación demasiado corta», Kawasaki dixit), la estructura correcta, el texto preciso, unas imágenes atractivas…, en definitiva, que cautiven. Cada presentación es una ocasión de vender, de ganar credibilidad, de mejorar la marca personal, por tanto, no debería dejarse el resultado final en manos de la improvisación y tendríamos que dedicarle tiempo y esfuerzo suficientes a su preparación. Las horas dedicadas a preparar una presentación no son gasto, sino inversión.

  1. Toda comunicación causa una impresión en términos de marketing, y todo el marketing debería comunicar algo con verdadero significado.

No existe la posibilidad de «no comunicar». Todo es comunicación: palabras, gestos, forma de vestir, de participar en Twitter, de interaccionar en Facebook, de compartir en LinkedIn, de aportar en Google+. El propio Guy Kawasaki dice: «Una persona puede ser cautivada con una simple actualización de estado en Facebook». Por tanto, la cuestión es cómo aprovechar cada ocasión de comunicación para crear impacto y generar beneficios. Pero el marketing no sólo debe prestar atención a la «forma», al impacto emocional, sino también al «fondo», al sentido, que es lo que da lugar a relaciones duraderas y sostenibles a largo plazo.

  1. Sigue las reglas según tus intereses. Cambia el mundo.

Las reglas hablan de normas, y hablar de normas es hablar de algo cotidiano y habitual. El éxito siempre está asociado a las excepciones, del tipo que sean, y se vincula a la posibilidad de ofrecer alguna diferencia respecto a lo estándar. Es cierto que apartarse de lo conocido exige valentía para asumir riesgo, y que cuando uno asume riesgo se puede equivocar, pero no hay otra alternativa si uno quiere tener éxito empresarial. De otro modo se acaba siendo uno más del montón. Como dice Kawasaki: «Al final, o eres diferente o eres barato».

  1. La mejor razón para comenzar una organización es que ésta tenga un sentido: el de crear un producto o servicio que haga de este mundo un lugar mejor.

Pocos emprendedores tienen en cuenta este detalle: centrarse en el why (por qué) antes que en el what (qué) o en el how (cómo). El sentido de la compañía está más allá del intercambio comercial y lo estrictamente financiero. Las empresas que dejan huella, que sortean mejor las crisis y que tienen una reputación más sólida son aquellas que buscan algo más que la mera obtención de beneficios. Son negocios «con causa». Jack Trout, autor de El poder de lo simple: una guía empresarial para eliminar lo absurdo y ser más racional, lo explicaba bien: «Los que sólo viven para los números mueren por los números».

  1. La próxima vez que sientas que no puedes vivir sin algo espera una semana y comprueba si sigues vivo.

No se trata de no gastar, sino de hacerlo oportunamente. Es importante hacer una distinción clara  entre necesidades y deseos. Hay gente que convierte deseos en necesidades creándose presiones innecesarias que antes o después acaban volviéndosele en su contra. La austeridad es un concepto que nunca debe descuidarse si uno es emprendedor. Es importante no tirar la casa por la ventana cuando las cosas van bien, porque nada es eterno, y porque bajar de escalón siempre es complicado. Por otro lado, en momentos de bonanza es recomendable ir creando músculo financiero para cuando la cosa no sea tan boyante. Tener un colchón de liquidez suficiente nos permitirá no vernos obligados a cerrar por incapacidad para hacer frente a los compromisos financieros.

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