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Henry Ford (1863-1947) fue el fundador de la compañía Ford Motor Company. Dio lugar al «fordismo», sistema que, gracias a la producción en cadena, permitió la fabricación de un gran número de automóviles a bajo coste. La introducción del Ford Ten al mercado automovilístico revolucionó el transporte y la industria en Estados Unidos. Ford fue un inventor prolífico que registró casi doscientas patentes. Como único propietario de la compañía Ford, se convirtió en su época en una de las personas más ricas del mundo.

  1. Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan.

La mayoría de las personas, al no ver resultados inmediatos, se da por vencida. No es que fracase, sino simplemente que ha dejado de intentarlo. Si siguiese, conseguiría el resultado deseado, pero al rendirse ha puesto punto final a su sueño. El 90 % del éxito consiste en seguir intentándolo. A fuerza de buscar senderos, de tocar puertas y de hacerse preguntas se acaba encontrando el camino para llegar allí donde previamente se deseó estar. El éxito es siempre una cuestión de perseverancia.

  1. Busco hombres que tengan la infinita capacidad de no saber lo que no se puede hacer.

La misión del cerebro no es descubrir la verdad, sino crear coherencia con sus creencias. Cuando el cerebro cree que algo es posible, busca alternativas para lograrlo; cuando cree que algo es imposible, busca excusas para confirmarlo. No es casual que Henry Ford afirmase: «Tanto si piensas que puedes como si piensas que no puedes, estás en lo cierto».

El cerebro es un excelente órgano buscador de soluciones cuando se le da una orden precisa o una meta que alcanzar. Para el cerebro, la claridad es fuerza. Dicho de manera resumida, una vez que se programa una meta en el subconsciente, ésta cobra vida propia. Y esto es así porque en el cerebro se pone en funcionamiento el SAR, o Sistema de Activación Reticular. El cerebro fija toda su atención en captar la información necesaria para hacer realidad las metas fijadas por anticipado. Sin embargo, cuando al inconsciente se le indica que algo es imposible, el cerebro da por zanjado el tema. Desconecta la búsqueda y registro de información. El SAR no hace ningún intento de hallar soluciones porque no tiene sentido. La respuesta ya la tiene: no hay solución. Ésa es la orden (meta) dada al cerebro.

  1. Imposible significa, simplemente, que no has encontrado la solución.

Los únicos límites están en la creatividad, la cual no tiene límites. Es cuestión de investigar, probar y perseverar. Prueba y error. Un camino lleva a otro, y éste al siguiente. Y así, poco a poco, se avanza hasta que se va aclarando el panorama y uno da con la combinación que abre la caja fuerte. La historia de la civilización ha sido una continua búsqueda de soluciones a problemas. En cualquier época de la historia en la que ha habido progreso ha sido gracias a la creatividad humana. El hombre dominó el fuego, creó la rueda, inventó la escritura, ideó las matemáticas, descubrió la electricidad, el teléfono, el avión, el coche y todos los avances de los que disfrutamos y nos beneficiamos hoy día. Sustituye, en inglés, Impossible por I’m possible.

Cuando no se ha encontrado la solución a un problema es que todavía no se ha trabajado lo suficiente en su resolución.

  1. Los hombres superficiales creen en la suerte y las circunstancias. Los fuertes creen en las causas y sus efectos.

Hay personas que hacen depender su vida de un golpe de suerte que les permita ser lo que quieren ser y vivir la vida que realmente desean vivir. Rara vez ésta aparece, y, cuando lo hace, habitualmente se va con la misma rapidez con que llegó. Es algo coyuntural, circunstancial, efímero.

Otras personas, en cambio, crean su suerte provocando que las cosas sucedan. Con gran agudeza Víctor Hugo llamaba «mezquina» a la suerte porque, según el escritor, «su falso parecido con el verdadero mérito engaña a los hombres». Hacer (o no hacer) ciertas cosas produce unos resultados; y hacer (o no hacer) otras cosas produce otros resultados. Es la ley de la acción-reacción, la ley de la causa-efecto.

  1. No te puedes crear una reputación basándote en lo que piensas hacer.

Tu reputación sólo depende de una cosa: de tus resultados, de lo que has logrado hasta el momento, de tu pasado y de tu trayectoria. El resto es palabrería y no es sostenible a medio y largo plazo. Da igual los títulos que tengas colgados en la pared de tu despacho, lo importante es lo que has demostrado con tu experiencia. No hay mejor aval que los logros conseguidos para generar una buena marca personal y vender más.

  1. El fracaso es simplemente la oportunidad de comenzar de nuevo, esta vez de forma más inteligente.

Ed Lond, fundador de Polaroid, decía: «Un error es un acontecimiento cuyos beneficios todavía no se han convertido en una ventaja». No es posible expresarlo de mejor manera. Hay que fallar cien golpes en la herradura para acertar una vez en el clavo. Las cosas casi nunca salen bien a la primera, a veces ni siquiera a la segunda o a la tercera. Tardan tiempo en llegar. Cada experiencia es una pieza más del puzle del éxito que hay que saber digerir y encajar oportunamente sin desanimarse. El arte de vencer se aprende siempre de las derrotas.

  1. Los obstáculos son esas cosas espantosas que uno ve cuando aparta los ojos de la meta.

Si algo es fácil, probablemente no merece mucho la pena. Toda rosa tiene espinas. Pero casi siempre la realidad tiene que ver mucho más con cómo se afronta que con cómo es en sí misma.

Se pueden ver los obstáculos como problemas o como retos. Para ello, es importante que los sueños sean propios y no prestados, porque entonces la motivación siempre acaba imponiéndose a la desesperación. Cuando ocurre lo contrario, lo más habitual es abandonar. Los obstáculos son pruebas del universo para ver hasta dónde estamos dispuestos a luchar por nuestros sueños, para distinguir entre los que dicen que quieren algo de los que realmente lo quieren. Mientras los primeros desisten, los segundos insisten.

  1. La mayoría de la gente gasta más tiempo y energías en hablar de los problemas que en tratar de resolverlos.

«No halle culpables, halle remedios», insistía una y otra vez Ford a su equipo. Es uno de los rasgos que distinguen a los perdedores de los ganadores. Los primeros buscan excusas; los segundos, soluciones. La gente de éxito no deja que nada le despiste de su objetivo, por eso no dedica ni un minuto a lamentaciones infantiles y concentra toda su atención y energía en cómo generar alternativas y sortear los obstáculos para seguir avanzando.

  1. Nada es duro si lo divides en tareas pequeñas.

Cualquier meta es posible si uno no se exige lograrla de un día para otro. Precisamente, un error frecuente que se comete es intentar saltarse pasos y etapas, coger la vía del atajo rápido, pretender llegar demasiado rápido a destino. Ése es el camino seguro de la frustración. A menudo, el problema está en que nos exigimos demasiado a corto plazo, y, como es lógico, al no poder responder a ese exceso de expectativas, nos venimos abajo y abandonamos. La filosofía del «pasito a pasito», que ya apuntábamos antes, es una recomendación que no tiene mucho glamour, pero sí resulta muy útil y eficaz. Un gran éxito no es otra cosa que la suma de muchos pequeños éxitos.

  1. Una empresa totalmente dedicada al servicio no tendrá que pre ocuparse de los beneficios. Ellos serán grandes.

A los clientes no les importan los productos o servicios que ofrecemos, sino lo que esos productos o servicios pueden hacer por ellos, es decir, las soluciones que les aportan. Se trata de cambiar el enfoque del «cuánto gano» al «cómo sirvo». A partir de ahí, hay una oportunidad de ganar dinero.

Enfoca el zum en cómo solucionar la vida a la gente y en cómo hacerlo de la mejor manera posible incrementando el valor que se ofrece cada día. Ponte siempre en su lugar y te lo retribuirán oportunamente.

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