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María Luisa Santillán, DGDC-UNAM

12/08/2015

El embarazo adolescente es un problema de salud pública que tiene graves repercusiones médicas, psicológicas y sociales que hacen que se convierta en una larga condena moral para la joven embarazada.

Rechazo, depresión, soledad, vergüenza, abandono, incluso violencia obstétrica, son solo algunos de los aspectos que puede experimentar una adolescente que está atravesando por esta condición.

La mayoría de los embarazos en adolescentes son producto de un descuido, de impulsos que se tienen en esta etapa de la vida durante la que los jóvenes empiezan a experimentar distintos cambios biológicos. A la par, transitan por la vida sin un acompañamiento de la familia o la escuela para que los guíen sobre cómo deben comportarse ante las transformaciones físicas y sociales que viven a diario.

Los adolescentes, considerados por la Organización Mundial de la Salud personas entre los 10 y 19 años de edad, viven constantemente cambios que van formando su propia personalidad y autoestima. Buscan ser aceptados por sus pares y entre las principales preocupaciones que tienen en esa etapa de su vida es la búsqueda de qué estudiarán, pues esto será parte de su futuro profesional.

Sin embargo, estos planes generalmente se ven truncados ante un embarazo vivido en esa etapa, pues aún no terminan de crecer cuando ya tienen que hacerse cargo de otro ser humano que va a demandarles de toda su atención y cuidados.

Adiós niñez

Cuando alguien está en la pubertad y la adolescencia sufre varios cambios biológicos, además de que sus intereses, gustos, amistades y deseos se transforman. En esta etapa se presentan dos eventos biológicos importantes: la aparición de la menstruación en las adolescentes y la eyaculación con semen en los jóvenes. Ambos son evidencia de que ya dejaron de ser biológicamente niños y que su cuerpo cambiará.

La maestra Ena Niño Calixto, académica del Programa de Sexualidad Humana de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que a los adolescentes es muy difícil que se les dé información sobre las reacciones biológicas que experimentarán en su cuerpo como producto del proceso normal de crecimiento: no se les dice que si son mujeres, sentirán lubricaciones vaginales y que si son hombres, tendrán erecciones.

Esta falta de información es la que a veces los lleva a descubrir su propio cuerpo a través de la autoexploración y a buscar ejercicios amorosos con otros adolescentes de su misma edad.

Niño Calixto explicó que no preparamos a los adolescentes para el coito, por el contrario, se les niega la información, creyendo que si lo prohíben no va a suceder. Sin embargo, advierte, en esta exploración de su cuerpo y del otro terminan teniendo relaciones sexuales.

En México, el debut sexual para las mujeres es a los 14 años y para los hombres a los 12, sobre todo en zonas urbanas como el D.F., Guadalajara y Monterrey. Sin embargo, en algunos sitios del interior de la República la edad disminuye y es de 12 años para ambos sexos.

Complicaciones biológicas

Generalmente, los adolescentes cuando tienen su primera relación sexual no utilizan anticonceptivos, ya sea por desconocimiento de los mismos, por no saber usarlos o por presión de la pareja. Finalmente, tener relaciones sexuales sin protección ocasiona contagios de enfermedades de transmisión sexual o embarazos no planeados.

Los embarazos en las adolescentes son de alto riesgo para la joven y el bebé. Físicamente el cuerpo humano de una mujer después de los 16 años estaría mejor preparado que una joven por debajo de esta edad para recibir al embrión y posteriormente al feto, explicó el doctor Luis Armando Martínez Gil, de la Facultad de Medicina de la UNAM.

Entre las principales complicaciones que pueden presentarse se encuentran la preclampsia, la eclampsia, la anemia, infecciones en las vías urinarias o de transmisión sexual, así como el aborto. En el bebé los problemas principales serían bajo peso, prematurez, retardo en el desarrollo cognitivo y en el crecimiento físico, además de que puede ser más propenso a infecciones.

Los mayores riesgos y complicaciones se presentan en los embarazos de adolescentes de entre 10 a 15 años, cuando la anatomía de la mujer aún sufrirá diferentes cambios y en ese momento de su vida aún no está preparada para soportar un embarazo.

Martínez Gil dijo que la pelvis de estas jóvenes aún no está desarrollada para aguantar el peso de un feto, además de que es más estrecha y hay cambios anatómicos que aún no se han dado por completo tanto en la vagina y el cuello uterino, lo cual puede condicionar a que el bebé no se desarrolle de forma adecuada.

“Las niñas a esta edad no tienen una nutrición adecuada y eso nos condiciona a que no haya un desarrollo adecuado del bebé, haya bajo peso al nacer, además de tener complicaciones respiratorias”.

Aún con todas estas complicaciones biológicas de las adolescentes, si llevan un adecuado control natal no se impactaría tanto sobre su salud ni del bebé y llegaría a buen término el embarazo ya sea por parto o cesárea.

Explicó que si es por parto natural algunas complicaciones que se presentan son fractura de clavícula del bebé o de cadera, precisamente por la estrechez de la pelvis de la madre, así como sufrimiento fetal.

De acuerdo con el INEGI, al año nacen más de 2 millones de niños en México y de esta cifra más de 450 mil niños nacen de una joven de entre 15 y 19 años de edad, además de que alrededor de 11 mil partos son de niñas entre 10 y 14 años. Asimismo en 2012 se reportaron un millón de abortos, práctica que de no realizarse en las condiciones adecuadas puede traer repercusiones físicas y psicológicas para la adolescente.

Aspectos psico-sociales

El embarazo adolescente es una problemática que afecta la esfera psicológica y social de los jóvenes, sobre todo en ambientes urbanos. La mayoría de estos embarazos generan temor por los cambios que se darán en su proyecto de vida, ya que hay abandono escolar, matrimonios forzados, dejan de ver a sus amigos y existe rechazo de parte de la sociedad.

La consecuencia emocional que experimentan las jóvenes embarazadas es sentir vergüenza, culpa, tienen baja autoestima y la sensación de indefensión.

Esto ocurre sobre todo en la joven embarazada, porque la mujer es considerada tradicionalmente como la responsable del cuidado del embarazo y posteriormente, de la crianza de los hijos, hayan sido planeados o no.

Además de que desconoce más sobre aspectos de sexualidad, métodos anticonceptivos, viven en situaciones de dependencia económica, ya sea de su pareja o de su familia y, por lo tanto, si deciden optar por el aborto ven limitada su capacidad de decidir sobre su propio cuerpo.

La maestra Ena Niño puntualizó que esta situación la experimenta la adolescente embarazada, porque el hombre que embarazó regularmente no se responsabiliza ni siquiera del acto sexual, además de que para ellos es más fácil deslindarse emocional y biológicamente del embarazo.

En otros casos, los jóvenes son obligados a casarse, viven un tiempo juntos, generalmente en casa de uno de los padres, en donde pueden seguir siendo dependientes económicamente y terminan separándose, porque como parte del acto sexual no está la expectativa de vivir juntos para toda la vida.

Asimismo, la familia de la joven embarazada termina adoptando un rol de cuidadores del bebé y son los abuelos o los tíos quienes participan de su crianza, hasta que el niño crece y vive procesos de exclusión y marginación, además de que puede presentar problemas de adaptación social, así como escolar.

Salud mental y embarazo adolescente

Una de las condiciones que se presentan en la adolescente embarazada es la depresión, la cual está relacionada con la falta de apoyo de pareja, familiar y social. Las jóvenes se deprimen porque es probable que la pareja las abandone, durante el embarazo o después de que nace el bebé (ya que ni siquiera era con quien querían tener un hijo), además de que ven truncado su proyecto de vida y esto tiene un gran impacto en su salud emocional.

La doctora María Asunción Lara, del Instituto Nacional de Psiquiatría, explicó que en un estudio que realizaron con adolescentes embarazadas con depresión encontraron que éstas experimentan más momentos depresivos después de un año de nacidos sus bebés.

Agregó que esto ocurre porque al nacer el bebé es acogido con más cuidado y ternura por la familia. Sin embargo, en la medida que crece el bebé, la adolescente probablemente ya dejó la escuela, perdió a su grupo de pares, la familia ya no la apoya tanto y se da cuenta que tiene que hacerse completamente cargo de su hijo.

“A una joven deprimida le va a ser mucho más difícil enfrentar la maternidad, no va a tener buenos cuidados en el embarazo y en el posparto no va a poder brindarle cuidados de calidad a su bebé. Los hijos de estas chicas adolescentes a lo mejor son absorbidos por la familia y los cuida todo el mundo, pero a lo mejor no tienen una relación tan directa con sus propias madres”, comentó la doctora Lara.

Dijo que alrededor de 40% de las adolescentes embarazadas al año ya no tienen pareja, además de que 90% de ellas ya abandonó la escuela. Además de que una madre adolescente con depresión es más probable que tenga un siguiente embarazo.

Distintas condiciones

Uno de los aspectos destacados del embarazo adolescente es que al hablar de él se tiene que considerar el contexto sociocultural, ya que en algunas regiones de nuestro país estar embarazada a los 16 o 17 años es lo esperado, mientras que para otros lugares los 25 años es la edad promedio cuando idealmente una mujer ya concluyó sus estudios y podría pensar en tener un hijo.

En regiones como Guerrero, Oaxaca o Chiapas la edad del debut sexual para los niños es de alrededor de los 12 años para ambos sexos, por lo que no está mal visto que una mujer adolescente esté pensando en tener un esposo e hijos a los 17 años.

La doctora Lara dijo que es importante que se realicen estudios en los que se determine en qué medida los embarazos adolescentes son producto de una violación, de un incesto, del consumo de drogas o de ser una forma de salirse de su casa, aspectos que tienen un alto impacto en la salud mental de la joven y que también determinan la actitud de ésta hacia su bebé.

Prevenir el embarazo adolescente es posible

Distintas instituciones de salud y educativas pusieron en marcha este año la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo Adolescente con la que buscan lograr que para 2030 se reduzca a la mitad la tasa actual de fecundidad en las jóvenes de 15 a 19 años y erradicar el embarazo en niños menores de 15 años.

Una manera de prevenirlo es a través de la educación de la sexualidad no sólo en términos biológicos (que es otorgada por la escuela), sino afectivo-emocional, la cual debe ser principalmente con un acompañamiento de los padres y en el desarrollo de habilidades para la toma de decisiones, explicó la maestra Ena Niño.

Por su parte, el doctor Martínez Gil concluyó que la familia juega un papel importante en la prevención del embarazo, así como las instituciones educativas, en donde desde la primaria se les debe hablar a los niños sobre aspectos relacionados con su sexualidad. Asimismo, sugirió, que al ser un problema que impacta sobre la salud pública, se deberían realizar acciones para prevenirlo desde el sistema primario de atención.

Imagen: Bárbara Castrejón. Fuente ciencia.unam.mx

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